Alimentarnos de forma equilibrada

Un día cualquiera en la vida de María: María llega a casa después de una reunión en su bufete de abogados. Tira su bolso en el suelo, corre hacia la nevera y saca un bote de helado de chocolate. Enciende la tele y sin darse cuenta se come el bote entero. Inmediatamente, aunque en la apariencia se siente relajada, su sistema nervioso central sufre un impacto. Los azúcares simples, que nunca llegan a hacer un proceso de digestión lenta si no que pasan directamente por la puerta grande a la sangre, han desorganizado los niveles de insulina en la sangre de María, alterando su energía y haciéndola creer que está feliz y a salvo en su sofá.  Pero este impacto de azúcar en sangre no dura mucho, ya que al ser un azúcar simple, es eliminada rápidamente y la insulina se tira al abismo en pocos minutos.  Inesperadamente, Maria siente un doble de agotamiento y depresión, mejor dicho, sufre un estado de hipoglucemia. Está abatida físicamente, su mente está tensa por su trabajo y su cuerpo le pide energía nuevamente para seguir funcionando. María se levanta del sofá, abre la nevera, saca dos huevos y se hace una tortilla y una ensalada de lechuga y atún. Toma su cena sin saber que ha buscado, como consecuencia al efecto del helado, un extremo que también impactará en su organismo.  Del alimento más expansivo al alimento más contractivo. Después de dos cucharadas de ensalada de atún y un poco de tortilla, le apetece tomar una copa de vino... Podría seguir con la serie normal de sucesos que van de un extremo al otro, que realizamos la mayoría de las mujeres, para equilibrar el constante desequilibrio causado por la falta de conocimientos. Sin embargo, prefiero contar la otra opción que podría tomar María al llegar a su casa. María llega a casa después de una reunión en su bufete de abogados, que ahora lleva un intenso caso de corrupción. Tira su bolso en el suelo, se sienta en su sofá, cierra los ojos y respira profunda y conscientemente un par de minutos. Se levanta un poco menos agitada del sofá, va hacia la cocina, abre la nevera, saca la calabaza al horno que hizo hace dos días, se corta un trozo que come placentera y lentamente, mientras reflexiona los pros y los contras de su día sin alterarse. Al terminar su trozo de calabaza y haber tomado unas respiraciones conscientes, María se siente un poco más en paz, una paz real, que sucede también en su organismo, ya que la cualidad de la calabaza relaja el páncreas y regula los niveles de insulina en sangre, generando equilibrio y armonía interior. Pasadas un par de horas, María quería cenar, pero sus necesidades serán menos extremas que en el primer caso y quizá solo se prepare una crema de verduras o unas verduras al vapor, que le permitirán conciliar el sueño y descansar profundamente. Si este fuese el caso, no habría una secuencia de sucesos extremos, que pondrían al cuerpo al límite. Tan solo fluiría en medio de la espiral, disfrutando de un estado físico, emocional y mental más apaciguado, saludable y presente. Como en la vida todo está conectado, todo lo que comemos condiciona nuestro estado emocional. No podemos dividir el cuerpo de la mente y no podemos negar que los pensamientos condicionan las emociones y las emociones las acciones y las acciones son la co-creación de nuestra vida. Por eso, estar alerta a nuestra condición actual energética y entendiendo que cada alimento tiene un efecto en nuestro cuerpo, nos permite entender el por qué de ciertas emociones extremas que nos hacen más infelices y coartan nuestro crecimiento espiritual. 


Ésta podría ser una lista de estados extremos. YIN - CENTRO- YANG . Depresión . Feliz . Rabia . Vulnerable . Estable . Control . Inestable . Centrada . Impaciencia . Desconcertada . Enérgica . Hiperactiva . Pereza . Positiva . Negativa . Apatía . Activa . Intolerante

Esta lista de estados extremos de la mente y las emociones está ligada a las cualidades energéticas que contienen los alimentos asociados a estas energías que describí en el listado anterior.

Si María toma gran cantidad de helado, sus emociones se verán alteradas por la subida y la bajada de la insulina, provocando finalmente hipoglucemia y depresión o apatía, si por el contrario se hace un filete de atún a la plancha o sencillamente toma atún en lata, la cualidad extremadamente yang y contractiva de este producto, afectara a su hígado y sufrirá un estado de tensión hasta que algo extremo ying relaje o expanda su contracción. Pero si lo que se toma es un alimento equilibrado, las consecuencias en su estado emocional serán más equilibradas.


Es importante conocer los efectos de cada alimento en nuestro cuerpo. Sin duda esto es verdadera libertad.



De esto y mucho más hablaremos en nuestro próximo curso de salud y alimentación para la mujer del 21 de Noviembre. Si quieres más información escribéme.




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